viernes, 2 de julio de 2010
Con los ojos cerrados
En su rostro se podía ver como sufría el desgaste de los años.
Estaba sentada en su sillón de ébano y con un viejo álbum de fotos en su regazo, el único álbum de fotos que había en su vida.
Relajó los músculos y apoyó la nuca en el mullido cojín.
Las fotografías que acababa de ver seguían nítidas en su memoria.
Con los ojos cerrados y una respiración pausada pero firme se dispuso a dejarse llevar.
Pese a la edad, ella tenía una memoria admirable, pero se sorprendió cuando no encontró respuesta a esta pregunta: ¿cuándo fue la última vez que jugué al escondite?
Aún más nítidas que las fotografías que acababa de ver, llegaron imágenes a su memoria.
Trozos de una película vieja, en la que aparecía ella.
Los coches y el bullicio de la ciudad quedaban lejos en ese momento ya que se encontraba sentada en un parque. El césped le hacía cosquillas es los pies. No era habitual poder ver las estrellas desde esa ciudad, pero esa noche todo era mágico para ella. A su lado estaba su vecino, por el que desde hacía varios años, se sentía atraída. Entonces fue como si la película se estuviera quemando, las imágenes desaparecieron.
Se estremeció en el sillón y cuando iba a abrir los ojos, aparecieron más imágenes. Esta vez se debía de tratar de una pesadilla, porque se encontraba al borde de una colosal montaña. Su pánico a las alturas estaba haciendo efecto en ella. Un sudor frío le recorrió la nuca y un hormigueo se dirigió desde la palma de la mano hacía todos y cada uno de sus dedos.
Se despertó de golpe, transpirando y con la camiseta húmeda. Fue a lavarse la cara al aseo.Cuando se vio reflejada en el espejo pensó; en ese 2003 no estaba tan gorda como ella recordaba…
Ahí estaba ella esos sesenta años que le pesaban encima como una roca y soltera. Con un trabajo que le permitía comprase cualquier cosa. Tenía una casa en la que habían demasiadas habitaciones, o tal vez, demasiadas vacías.
Es posible que al instante al verse en el espejo comprendiera todo, o tal vez tardó varias semanas.
Desde hacía tiempo había querido ser pelirroja pero nunca se atrevió a tintarse, quitándole importancia y sin pensarlo, su discreta cabellera rubia platino paso a ser de un atractivo rojo escarlata. Por último se sintió con más vitalidad cuando añadió carmín a sus labios y le dedico al espejo una picara sonrisa.
Hasta entonces nunca llegó a comprender la fuerza y la belleza de su juventud ni cuantas posibilidades tenía ante ella.
No quedaba mucho tiempo. No, no quedaba tiempo para arrepentirse de no haber besado a su vecino y haber salido corriendo esa noche. Tampoco para arrepentirse de no haber bailado en su vida ni tampoco para no haber cantado. Ni para llorar por no haber disfrutado de un atardecer en la playa…
Llamó a su jefe y pronuncio con una sonrisa estas palabras: Con los ojos cerrados he visto más que en toda mi vida, no me esperes mañana ni nunca que me voy a vivir.
Se preparó para viajar por todo el mundo, siempre había querido ver Paris, Egipto, China, África… ¿qué gracia tenia verlo en imágenes? Quería pisar, oler y sentir cada lugar.
En una sola tarde, con la simple acción de cerrar los ojos, consiguió ver todo lo que no había hecho y todo lo que le gustaría hacer.
Se dijo así misma: lo primero de todo, saltar con un paracaídas. Dispuesta a recuperar todo aquello que no supo aprovechar se fue a vivir de verdad con esta sencilla regla siempre presente.
Haz todos los días algo que temas.
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